Toro de cuerda

El toro de cuerda es un ritual taurino a través del cual se expresa la ancestral costumbre que el hombre tiene de jugar con el toro, desafiando la fuerza de éste y asumiendo un riesgo a cuerpo limpio. Constituye un evento eminentemente popular, que nada tiene que ver en su origen con las funciones de toros medievales, en las que los miembros de la nobleza, a modo de ejercicio caballeresco o de entrenamiento militar, corrían toros a caballo, y que posteriormente fueron evolucionando a medida que el hombre del pueblo fue ganando protagonismo en detrimento de la nobleza.

Son múltiples y variadas las formas de exteriorización de esta costumbre popular de correr los toros ensogados o enmaromados, las cuales nos vienen dadas en la mayoría de los casos por los usos y costumbres locales, de tal forma que cada festejo y cada pueblo, tiene sus propias raíces y sus propias peculiaridades que, en definitiva, constituyen sus señas de identidad que lo diferencian de otros y le otorgan su propia personalidad; si bien existen notas comunes que permiten establecer diferentes tipologías o clases de festejos populares.

Esta tradición está muy arraigada en casi todas las comunidades autómomas de España, celebrándose en 33 municipios del País Vasco, 14 de Andalucía, 12 de Aragón, 11 de la Comunidad Valenciana, 8 de Castilla y León, 6 de Cataluña, 4 de La Rioja, 4 de Castilla-La Mancha, 3 de Navarra, así como en dos localidades de Galicia y Baleares. Sumando casi 100 municipios, en los que celebran está tradicional fiesta.

Toro de cuerda, es el nombre común, que representa las diversas formas en que se denomina esta modalidad de suelta de reses, en los diferentes municipios y ciudades del territorio español donde se celebran, así, en el País Vasco, se llama Sokamuturra, y en otros lugares: toro ensogado, toro enmaromado, toro de soga, etc.

Orígenes

Posiblemente es el espectáculo tradicional más primitivo, según relata el Conde de las Navas, en su libro: «La fiesta más nacional», donde da cuenta de una carta de Francisco Fernández y González, fechada el 6 de marzo de 1896, en la que se hace referencia a una crónica latina del siglo XII que menciona «la repetición en Castilla de una fiesta muy usada entre los romanos y de orden semejante a correr vacas enmaromadas». Consistía en atar los cuernos de un toro con una maroma, al cual llamaban la atención por ambos lados.

La tradición permanece arraigada, efectivamente, en muchos pueblos de Castilla y de otras regiones españolas, pero no es menos cierto que Teruel hace un rito del toro ensogado o de sogas, desde la Edad Media, que a tanto llega el testimonio documental de la fiesta.

Flores Arroyuelo, en su libro: «Del toro en la antigüedad: animal de culto, sacrificio, caza y fiesta», nos deja escritas estas líneas:
«los toros corridos por las calles de los pueblos en los llamados encierros (...) tuvieron su origen, como el toro ensogado, en la traída de los toros de los montes y dehesas a los pueblos, aunque aquí, la presencia del toro libre nos está diciendo en buena parte que estamos ante un ritual de fiesta propia de una urbe y que viene a recordar cuando llegaban a ella los toros que habían sido conducidos por los vaqueros y pastores a través de campos y numerosas jornadas (...) Esta era la forma común de conducir las toradas, lo que obligaba a que en muchos pueblos existiesen corrales acondicionados en sus afueras para servir de guarda y amparo hasta que proseguían camino o, por último, eran conducidos a los mataderos, o a los toriles de la plaza para ser corridos en los días de fiesta en que quedaban enchiquerados en espera del momento de salir al coso».
Asociación Nacional del toro de cuerda

Fundación

Tras la celebración de tres congresos, no es hasta el cuarto, celebrado en Carcabuey (Córdoba), cuando quedó constituida la Asociación Nacional del Toro de Cuerda, tras la aprobación de los estatutos con fecha de 8 de septiembre de 2007, coincidiendo con la festividad de nuestro querido Santo Niño, esa constitución fue rubricada por 13 colectivos de 11 localidades españolas: la anfitriona, Pina de Ebro de Zaragoza. Beas de Segura de Jaén. Chiva y Onteniente de Valencia. Grazalema de Cádiz. Amposta de Tarragona. Gaucín de Málaga. Lodosa de Navarra. Burriana de Castellón y Benavente de Zamora. Salió elegido de Presidente, Francisco Jesús Rueda, y se estableció la sede de la nueva Asociación en Carcabuey.

Los fines de esta Asociación, es la promoción del toro de cuerda, el fomento de la fiesta, la organización y participación en congresos y ponencias que estén relacionados con está tradición, así como la continuidad de colaboración en los próximos congresos nacionales, que sobre el toro de cuerda se celebren. También se pensó en crear una ruta del toro de cuerda, así como la edición de un libro que explique la historia, los orígenes, y en que consiste esta tradición.
Toro de Cuerda de Gaucín (Málaga)

Gaucín es el único pueblo de la provincia de Málaga que desde antiguo acostumbra a celebrar el final de esta fiesta corriendo un toro.

Digamos que es la Fiesta de Gaucín por excelencia, si exceptuamos al Santo Niño, que por tradición, devoción y concurrencia, figura como la primera en los corazones de los gaucineños.

Se celebra el Domingo de Resurrección, éste se celebra como final de la austeridad de la Semana Santa.

Sin duda es la fiesta pagana, aunque con un origen religioso ya que su celebración se hace el Domingo de Resurrección en honor de Jesucristo Resucitado, con mayor resonancia.

El toro es un elemento mítico-religioso esencial, de primer orden, en todas las culturas mediterráneas. Desde Creta, donde a este animal le dan un aspecto de aire altivo, que se hace imprescindible para el juego y reto de subsistencia -vease el relato mitológico de Teseo y el invencible minotauro-, pasando por Grecia, donde Zeus para raptar a la princesa Europa se encarna en un toro que representa la autoridad y el poder. Cartago utilizando como medida una piel de toro. O la leyenda del tarteso Gerión, primer rey de Hispania, que fue definido por el historiador Servio como el rey de los toros al que Hércules robó sus rebaños.

Conocido y cierto es, que la fiesta de los toros tiene un antecedente ritual y religioso donde el sacrificio del animal y la sangre derramada significan transmisión de virilidad, fuerza y poder al hombre. Esta referencia es aprovechada, ya en los siglos XIV y XV, por los caballeros (aristócratas) y hombres de armas para demostrar a sus súbditos el poderío de la casa a la que pertenecían y el valor de sus componentes. Para ello organizaban juegos paramilitares con acciones encaminadas a la exhibición del manejo de las armas y el toreo a la jineta -toreo a caballo similar al rejoneo actual-.

El origen de la popular fiesta del Toro de Cuerda de Gaucín se pierde en la noche de los tiempos, siendo muchos los testimonios de tradición oral que así lo acreditan en el informe realizado con motivo de la restauración del toro de cuerda, donde se lee lo que sigue «la llamada fiesta del toro de cuerda de Gaucín data de tiempo inmemorial tanto que algunos creen que nos viene de la época de los romanos».

La fiesta consiste en correr por las calles del pueblo un toro amarrado por los cuernos, al que los mozos o espontáneos le realizan cites, lances, capotazos, carreras y recortes. La fiesta está dirigida por mozos de contrastada experiencia y conocimiento en el manejo de la cuerda y del animal, evitando, dentro de lo posible, las embestidas de éste. Este típico festejo está reglamentado en base al artículo 91.e del R.D. 145/1996, Reglamento de Espectáculos Taurinos, y normativa municipal de 21 de Marzo de 1997.

La historia es muy antigua y de orígenes ignorado, los más mayores dicen haberla conocido siempre y aseguran además que sus padres y abuelos contaban lo mismo, se celebraba de forma similar a como ahora se hace. Su relación con el acontecimiento religioso de la Resurrección está corroborada por el hecho de que antes se soltaba el toro en la puerta de la iglesia en el momento en que salían los fieles de la misa de Resurrección, pero cuando la misa se comenzó a hacer en la madrugada del domingo, se cambió la hora y el lugar de salida a la calle Tenería.

Antaño se encargaba de la preparación del festejo un grupo de entusiastas, sin más estatuto que su propia afición, siendo su principal cometido la recaudación de fondos a todos los vecinos para adquirir el toro y disponer todos los detalles para que la fiesta resultara lucida. Otro de los menesteres de estos comisionados, era intentar convencer al alcalde para que autorizara la celebración del festejo, que legalmente estaba considerado como una grave alteración del orden público. Al final siempre se alcanzaba un cierto consenso y el alcalde acababa no oponiéndose y mirando para otro lado. En las fechas anteriores a la Semana Santa una de las comidillas generalizadas era la duda y la inquietud sobre si habría o no toro ese año. El Ayuntamiento se mantenía oficialmente al margen, aunque hubo concejales que solapaban sus actividades consistoriales con las propias de la organización del festejo, y algunos alcaldes acostumbraban a ausentarse de la localidad en ese día para hacer más patente que no sabían nada del asunto, en un vano intento de salvar su responsabilidad en unos hechos sobre cuya existencia era difícil alegar ignorancia. Así se llego hasta 1964, cuando un reportaje televisivo del acontecimiento desató las iras de un preboste castellano al que al parecer habían prohibido una fiesta similar en su pueblo. La protesta de éste ante el Ministerio de Gobernación tubo como consecuencia el cese fulminante del alcalde y del reciente entrado Diputado Provincial.

A pesar de ello, siguió viva la llama de la afición y muchos, con más vocación o con más ganas de pitorreo y desahogo, solían a veces arrastrar, el día en que debía celebrarse la fiesta, los cuernos de una vacuna al grito castizo de «¡que miró, que miró!», de forma tan rápida e inesperada que impedía la intervención de los agentes de la autoridad.

La llegada de la democracia y la recuperación de las libertades permitió a muchos pueblos recobrar sus fiestas más características. Gaucín quiso restaurar su Toro de Cuerda y en 1978 un grupo de vecinos se desplazo a Málaga para intentar conseguir la autorización gubernativa, pero la respuesta de la autoridad fue contundente y el día del festejo más de 50 Guardias Civiles ocuparon el pueblo ante el presumible temor de que a pesar de la negativa fuera a celebrarse el festejo.

Hubo que esperar a que las primeras elecciones municipales establecieran una Corporación democrática para que, haciéndose responsable solidaria del festejo, se celebrara éste en el año 1980, después de 16 años de prohibición. A partir de entonces, salvando las naturales dificultades administrativas y económicas, todo ha ido con normalidad. Una normalidad llena de obstáculos y ocupaciones que ha ido superando año tras año el entusiasmo de la Corporación Municipal y el grupo de vecinos que voluntariamente se integra en la Comisión del Toro de Cerda. Corresponde a ellos tomar medidas que minimicen las consecuencias de previsibles percances: ambulancias, UCI móvil, cirujanos, directores de lidia, equipo de seguridad para la cuerda, seguros de accidentes para los que no participan en el festejo, protección civil y una serie de precauciones y disposiciones organizativas, entre la que no es la menor recaudar, visitando todas las casas del pueblo, los fondos precisos para hacer frente a unos gastos que ya resultan millonarios, y que la generosidad de los vecinos y una acendrada defensa de sus tradiciones superan con nota cada año.

Este día Gaucín triplica con facilidad el número de sus habitantes, no siendo el día mejor para conocer los encantos de uno de los pueblos más característicos y con mayores atractivos de la Serranía de Ronda, pero es un día único para participar en una experiencia singular, que convierte al Toro de Cuerda en el segundo motivo de reencuentro par los muchos que por diversas razones están obligados a residir lejos de la tierra que quieren, además está fiesta supone un flujo monetario muy importante.

El festejo llego a tener hasta un fino con la etiqueta haciendo alusión al Toro de cuerda, embotellado por la cooperativa La Aurora, S.C.A. de Montilla (Córdoba).

Suertes de la fiesta

Se denominan suertes taurinas a cada unos de los actos de la lidia ejecutado por el diestro. En nuestro caso, al ser el «Toro de Cuerda» un festejo que se desarrolla en la calle, las suertes son ejecutadas por el pueblo que las interpreta a su modo y manera. La iniciativa popular e individual para la invención de suertes taurinas en este tipo de festejos es infinita, siendo casi imposible describir los lances que en una corrida de este tipo pueden darse.

Los distintos actos de los que consta la Fiesta:

La compra del toro

La Comisión, con suficiente antelación, designa a un grupo de aficionados versados en el tema para que les acompañen por las distintas ganaderías de la comarca con el objetivo de adquirir un toro con las características adecuadas, adaptado a las necesidades del festejo y, sobre todo, al presupuesto siempre ajustado.

Cuando encuentran el toro idóneo, según usos y costumbres, ganadero y Comisión proceden a hacer el trato del mismo, fijando el precio, las condiciones de pago y el día y la hora en que la Comisión, acompañada de gran número de aficionados, irán a recogerlo. Concluido el trato, se procede a pagar una parte del precio estipulado, «las señas», y el resto quedará aplazado hasta el día de la recogida, sin cuyo requisito no saldrá el toro del cerrado. La Comisión, de vuelta al pueblo, informa de la adquisición, dando a los vecinos pelos y señales del toro recién adquirido. La noticia correrá como un reguero de pólvora y constituirá tema favorito de conversación en bares y reuniones. En días sucesivos, las gentes del pueblo, ilusionadas por la proximidad de la fiesta, «día del toro», harán conjeturas sobre la bravura del bicho, contarán increíbles historias y anécdotas del mismo, la mayoría de ellas inventadas, siempre en tono un poco exagerado.

La recogida, el amarrado y la traída del toro

El Sábado de Gloria, la Comisión acompañada por un gran número de aficionados y aficionadas gaucineños, se desplaza hasta la ganadería para recoger al toro. Una vez en la dehesa, se procede al apartado, encierro, despuntado y amarrado del toro. Estas operaciones se hacen bajo la atenta mirada de los presentes, que no pierden detalle sobre tal o cual condición del animal. El toro, una vez encerrado, se exhibe en la plaza del cortijo para ser reconocido por el público asistente. Concluidas las suertes anteriores, el toro es conducido a la manga para proceder al amarrado, despunte de las astas y encajonamiento para su traslado. La suerte del amarrado consiste en atar fuertemente el extremo de una gruesa y resistente soga de abacá o de pita a los cuernos del toro, aprovechando la angostura de la manga y la práctica inmovilidad del animal. Tras el amarre, se procede a despuntar las astas del animal, con el objeto de restarle peligrosidad en caso de accidente o cogida, y al encajonamiento del mismo. Expertos en amarrados y trenzados artísticos de la cuerda, con nudos resistentes y seguros. La traída se efectúa conforme a un ritual preestablecido y en medio de una gran animación. Como si de una procesión se tratara, se forma el cortejo encabezado por el camión que transporta al toro y tras él los acompañantes, acomodados en toda suerte de vehículos, formando una larga y ordenada fila. El momento más emocionante de la traída es la llegada al pueblo de la comitiva que trae al toro. Gentes de toda clase y condición esperan impacientes la llegada. Una vez llegado el toro, en medio de un gran júbilo y estruendo de público y coches, se procede a darle una vuelta por las calles de la población. Cumplido el rito, se encierra el toro, actualmente en la Huerta de los Frailes, para ser corrido a la mañana siguiente.

El horario

El horario del festejo es de 10:30 a 11:30 horas, de 12:00 a 13:00 horas y de 16:00 a 17:00 horas.

Desencajonamiento y salida

El domingo, día del toro, desde muy temprano, las calles del Convento, Chorroalto y La Cruz se ven muy animadas por una gran cantidad de personas que se dirigen al lugar conocido como la Carrera, donde tendrá lugar la salida del toro. El público va tomando posiciones ventajosas en tejados, terrazas, balcones, ventanas, barandas y rejas para asistir a su salida. A las 10´30 h. de la mañana, el Alcalde-Presidente de la Comisión, por medio de un cohete, anuncia el comienzo de la fiesta. El público expectante, con el corazón en un puño, espera la salida del «bicho».

Los corredores más ágiles, valientes y atrevidos se sitúan junto a la puerta del cajón para, a pecho descubierto, recibir al toro, emprendiendo veloz carrera a las primeras embestidas del animal. Los sustos, cogidas y revolcones no se hacen esperar.

Desfogar y templar el toro

La primera parte del festejo se desarrolla en la Carrera, espacio cerrado por dos empalizadas levantadas entre el inicio de la Cuesta de la Cruz y la Puerta de la huerta de los Frailes. En este espacio, toro y toreros, ponen de manifiesto su bravura y agilidad respectivas. Durante un tiempo prudencial, los mozos tratan de librar al toro del berrinche que le ha producido el transporte y la permanencia en el cajón durante toda la noche. La suerte consiste en burlarlo con carreras controladas, recortes, burlas y jalones de la cuerda hasta lograr cansarlo y, de esta manera, serenarle la acometida.

Citar, correr y recortar

Una vez que el «bicho» ha templado su embestida y desfogado su ímpetu, se abre la empalizada que da acceso a la calle del Convento para, de esta manera, iniciar el recorrido por las calles de la villa.

El recorrido comprende las calles Luis Armiñán (Convento), Santo Niño (antigua José Antonio), Guzmán el Bueno (antigua Calvo Sotelo), Nueva (antigua Mártires), Los Bancos (antigua Queipo de Llano), San Juan de Dios (Corral) y Barrio Alto.

Durante el mismo, el toro es diestramente conducido por los encargados de la cuerda. Estos «sogueros», con habilidad y maestría, durante el recorrido por las distintas calles de la villa, dominan las embestidas del animal y contribuyen a restar peligrosidad a las cogidas que se producen en la carrera.

El muñeco

En los días que anteceden a la corrida, algunos vecinos, en riguroso secreto, proceden a confeccionar el «muñeco», especie de fantoche o pelele de paja, para presentarlo al toro durante el recorrido por las calles de la villa. Esta operación consiste básicamente en unir una camisa, unos pantalones y unos calcetines viejos y rellenarlos con paja, con el objeto de dar forma al cuerpo. Según la tradición, la cabeza del «muñeco» deberá ser una calabaza de gollete o vinatera, en la que se pintará la cara. Unas alpargatas viejas, un chaleco, un pañuelo al cuello y un sombrero de paja completarán la indumentaria de este singular personaje. El día del toro, desde muy temprano, el «muñeco» es colgado entre dos ventanas o balcones por medio de cuerdas atadas a los brazos del mismo, quedando de esta forma suspendido en mitad de la calle, con el objeto de que sea visto y admirado por las gentes que acuden al lugar de la salida. Cuando los mozos, que conducen al toro en su recorrido por las calles de la villa, llegan a la altura donde se encuentra un «muñeco», paran al bicho a su altura. La suerte se desarrolla de la manera siguiente: los que sujetan la cuerda bajan el «muñeco» hasta el suelo y provocan la embestida del toro. Cuando éste está a punto de cornearlo, lo elevan. Así una y otra vez, entre el regocijo de los aficionados, logran burlar al animal. Pero, si por el contrario, el toro logra coger al «muñeco» se deja que le cornee hasta romper en mil pedazos su frágil cuerpo para, de esta manera, matar al «jua» o encarnación del mal.

Encerrar el toro

Hacia las doce del medio día, una vez completado el recorrido por las calles de la villa, se procede a recoger el toro que ha hecho el recorrido y se encajona para levarlo al matadero.

En esta suerte los sogueros demuestran una vez más su habilidad y maestría para reducir al animal y conducirlo hacia el lugar de encierro.
Sobre las doce se suelta un segundo toro, siguiendo el mismo ritual.
Mientras que se espera la salida del tercer toro, a las cuatro de la tarde, los vecinos y visitantes, a pesar del bando de la Alcaldía pidiendo moderación con las bebidas alcohólicas, abarrotan bares y tabernas para tomar un refrigerio a base de unas raciones y tapas típicas regadas con abundante cerveza o vino fino, generalmente Jerez o manzanilla Sanlúcar. El espectáculo que ofrecen aquellos que, excediéndose en la bebida, pillan la pea es, sin lugar a dudas, lo más divertido de la fiesta. Bajo los efectos de las libaciones y sopicaldos en demasía, improvisan e imaginan pases y faenas de todas las hechuras con inverosímiles capas y muletas, entre el júbilo y regocijo de los presentes. Estos personajes son los primeros en sufrir los sustos, revolcones en cuanto el toro les embiste. Actualmente la costumbre de sacar un nuevo toro fresco que hace, si cabe, más peligrosa la salida y las carreras, sobre todo para los de las «libaciones» en exceso.

La subasta

Una vez concluida la Fiesta, la Comisión, reunida bajo la presidencia del Alcalde-Presidente o miembro de la misma en quien delegue, procederá al subastado de las reses corridas y, de acuerdo con lo indicado en el actual Reglamento Taurino, sacrificio de las mismas sin presencia de público. Es costumbre que dicha subasta se haga por el procedimiento de plica, es decir, mediante sobre cerrado en el que figura la cantidad a pagar por el toro o los toros objeto de subasta; dichos sobres se abrirán en público y en presencia de los postores. Finalizada la sesión, se levantará acta de la misma.

Esta suerte ha desparecido hace unos años, pues Sanidad obliga a sacrificar los toros fuera de la localidad, y según informan la carne de los mismos no es apta para la comercialización y consumo.

Bibliografía: